Profundidad
Léxico y contexto
ACTO III · ESCENA 6

3.6 La boba fingida ante Liseo: «¿Longaniza come el alma?»

Casa de Octavio

romance asonancia -eo-eovv. 2511–2634narración + diálogo

La escena del fingimiento. Finea, ya transformada, se finge boba ante Liseo para hacerle desistir definitivamente de casarse con ella. La operación dramática es brillante: Finea no necesita argumentos, le basta con representar el papel de la antigua Finea, y eso desconcierta a Liseo hasta el punto de que él mismo desea la ruptura. La escena despliega una serie de gags magistrales: las preguntas absurdas sobre las lunas nuevas («¿adónde están las viejas?»), las confusiones de identidad («¿Quién sois vos?»), y el verso cumbre del nonsense lopesco: «¿Longaniza come el alma?». La comicidad opera con doble fondo: el público sabe que Finea finge; Liseo no.

LAURENCIO.Es evidente argumento; pero yo veré si sabes hacer, Finea, tan presto mudanza de estremos tales. FINEA.Paso, que viene Liseo. LAURENCIO.Allí me voy a esconder. FINEA.Ve presto. LAURENCIO.Sígueme, Pedro. PEDRO.En muchos peligros andas. LAURENCIO.Tal estoy, que no los siento. LISEO.En fin, queda concertado. TURÍN.En fin, estaba del cielo que fuese tu esposa. LISEO.(Aquí está mi primero dueño.) ¿No sabéis, señora mía, cómo ha tratado Miseno casar a Duardo y Nise, y cómo yo también quiero que se hagan nuestras bodas con las suyas? FINEA.No lo creo; que Nise me ha dicho a mí que está casada en secreto con vos. LISEO.¿Conmigo? FINEA.No sé si érades vos u Oliveros. ¿Quién sois vos? LISEO.¿Hay tal mudanza? FINEA.¿Quién decís? Que no me acuerdo. Y si mudanza os parece, ¿cómo no veis que en el cielo cada mes hay nuevas lunas? LISEO.(¡Válgame el cielo! ¿Qué es esto? TURÍN.¡Si le vuelve el mal pasado!) FINEA.Pues, decidme; si tenemos luna nueva cada mes, ¿adónde están? ¿Qué se han hecho las viejas de tantos años? ¿Daisos por vencido? LISEO.(Temo que era locura su mal.) FINEA.Guárdanlas para remiendos de las que salen menguadas. ¿Veis ahí que sois un necio? LISEO.Señora, mucho me admiro de que ayer tan alto ingenio mostrásedes. FINEA.Pues, señor, agora ha llegado al vuestro; que la mayor discreción es acomodarse al tiempo. LISEO.Eso dijo el mayor sabio. PEDRO.(Y esto escucha el mayor necio.) LISEO.Quitado me habéis el gusto. FINEA.No he tocado a vos, por cierto. Mirad, que se habrá caído. LISEO.(¡Linda ventura tenemos! Pídole a Otavio a Finea, y cuando a decirle vengo el casamiento tratado, hallo que a su ser se ha vuelto.) Volved, mi señora, en vos, considerando que os quiero por mi dueño para siempre. FINEA.¿Por mi dueña? ¡Majadero! LISEO.¿Así tratáis un esclavo que os da el alma? FINEA.¿Cómo es eso? LISEO.Que os doy el alma. FINEA.¿Qué es alma? LISEO.¿Alma? El gobierno del cuerpo. FINEA.¿Cómo es un alma? LISEO.Señora, como filósofo puedo difinirla, no pintarla. FINEA.¿No es alma la que en el peso le pintan a San Miguel? LISEO.También a un ángel ponemos alas y cuerpo, y, en fin, es un espíritu bello. FINEA.¿Hablan las almas? LISEO.Las almas obran por los instrumentos, por los sentidos y partes de que se organiza el cuerpo. FINEA.¿Longaniza come el alma? TURÍN.(¿En qué te cansas? LISEO.No puedo pensar sino que es locura. TURÍN.Pocas veces de los necios se hacen los locos, señor. LISEO.Pues, ¿de quién? TURÍN.De los discretos; porque de diversas causas nacen efetos diversos. LISEO.¡Ay, Turín! Vuélvome a Nise. Más quiero el entendimiento que toda la voluntad.) Señora, pues mi deseo, que era de daros el alma, no pudo tener efeto, quedad con Dios. FINEA.Soy medrosa de las almas, porque temo que de tres que andan pintadas, puede ser la del infierno. La noche de los difuntos no saco, de puro miedo, la cabeza de la ropa. TURÍN.Ella es loca sobre necio, que es la peor guarnición. LISEO.Decirlo a su padre quiero. LAURENCIO.¿Puedo salir? FINEA.¿Qué te dice? LAURENCIO.Que ha sido el mejor remedio que pudiera imaginarse. FINEA.Sí; pero siento en estremo volverme a boba, aun fingida, y pues fingida lo siento, los que son bobos de veras, ¿cómo viven? LAURENCIO.No sintiendo. PEDRO.Pues si un tonto ver pudiera su entendimiento a un espejo, ¿no fuera huyendo de sí? La razón de estar contentos es aquella confïanza de tenerse por discretos. FINEA.Háblame, Laurencio mío, sutilmente, porque quiero desquitarme de ser boba. NISE.¡Siempre Finea y Laurencio juntos! Sin duda se tienen amor. No es posible menos. CELIA.Yo sospecho que te engañan. NISE.Desde aquí los escuchemos. LAURENCIO.¿Qué puede, hermosa Finea,
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El nonsense de Finea como filosofía empirista

«¿Longaniza come el alma?» (v. 2588) es la versión cómica más brillante del problema cuerpo-alma del XVII español. Finea finge no entender que el alma es inmaterial, y al fingirlo, hace explícita la pregunta que ningún teólogo ortodoxo formularía: si el alma habita en el cuerpo, ¿comparte la nutrición con él? El materialismo radical implícito en la pregunta es exactamente el que la doctrina post-tridentina trataba de extirpar de la teología: el alma no es vapor del cuerpo, no es sustancia material, no come.

El chiste tiene linaje. La filosofía estoica antigua y el galenismo médico del XVI sostenían precisamente que el alma era spiritus, vapor sutil de la sangre, y que dependía del cuerpo para sostenerse. Las críticas anti-estoicas y anti-galénicas (Suárez, Báñez, Vázquez) habían refutado esta posición durante el siglo XVI. Para 1613, la posición ortodoxa era que el alma es inmaterial y no necesita sustento físico.

Finea, con su pregunta cómica, retrocede a la posición estoica. La gracia es que el público del corral, en su mayoría sin instrucción teológica formal, percibía el chiste sin captar la doctrina precisa. El catedrático de Salamanca o el clérigo del desván sí percibía la heterodoxia implícita. El doble nivel funciona perfectamente.

Friedman ha leído este pasaje como momento de «la comedia funcionando en niveles cognitivos simultáneos».ext1_friedman El mosquetero ríe del absurdo de la pregunta; el oyente letrado ríe de la sutileza filosófica enmascarada de chiste. Las dos risas coexisten sobre el mismo verso.

EXT-2

La teatralidad del fingimiento: Finea como actriz dentro del teatro

Lo que Finea hace en esta escena es teatro dentro del teatro. Está actuando un papel —el de la antigua Finea— para un público —Liseo— que cree estar viendo realidad. La situación es metateatral: la actriz que interpreta a Finea (Jerónima de Burgos en 1613) interpreta a una Finea que interpreta a otra Finea. Tres niveles de actuación se superponen.

La metateatralidad lopesca había alcanzado su formulación canónica en Lo fingido verdadero (1607-1614), comedia donde el actor pagano Ginés se convierte al cristianismo mientras representa el papel de un mártir. Aquí, en La dama boba, la metateatralidad opera al revés: la conversión (de boba a discreta) es real, y el fingimiento de la conversión inversa (volver a boba) es teatral. Se juega con la convención de que la representación puede transformar al representante, pero en este caso la representación de la antigua Finea no devuelve a Finea a su estado anterior; le da, al contrario, el poder definitivo de gobernar su destino.

La pieza pone en escena, en este momento, lo que Pirandello formulará tres siglos después en Sei personaggi in cerca d'autore (1921): la persona es siempre máscara representada, y el yo «verdadero» es la conciencia de las máscaras posibles. Finea ha alcanzado esa conciencia.

El gesto tiene además un linaje conceptual contemporáneo a Lope que conviene nombrar. Torquato Accetto, en Della dissimulazione onesta (Nápoles, 1641), formuló la doctrina barroca del fingimiento legítimo: dissimular —no decir todo, en lugar de mentir— era práctica defensiva del débil ante el poder. Lo que en el aristotelismo escolástico era pecado (la simulación), en el barroco italiano se convierte en virtud política. Finea, sin haber leído a Accetto (ni nadie en 1613 podía haberlo leído todavía), aplica su doctrina con limpieza barroca: no miente —no afirma falsedades nuevas—; vuelve a ser la que era, dejando que Liseo reconozca a la antigua boba.ext2_accetto

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Performar la identidad heredada: los *Untitled Film Stills* de Cindy Sherman

Hay un proyecto fotográfico contemporáneo que dramatiza el dispositivo exacto de Finea, y que conviene traer porque explícita lo que la pieza solo deja entrever. Entre 1977 y 1980, la artista neoyorquina Cindy Sherman produjo la serie Untitled Film Stills: 69 fotografías en blanco y negro en las que ella misma se autorretrata vestida, maquillada y dispuesta como las mujeres arquetípicas del cine clásico de Hollywood —la noir de los años cuarenta, la heroína hitchcockiana, la ama de casa de melodrama, la chica del campo de paso por la ciudad—. Ninguna de las fotos corresponde a una película real; cada una parece un fotograma sin película. La operación tiene tres niveles simultáneos: Sherman es Sherman, Sherman es la actriz que interpreta el papel, y Sherman es el papel mismo. La distancia entre los tres niveles es lo que la imagen registra y exhibe.

La afinidad con la maniobra de Finea es estructural. Cuando, en estos versos, Finea pregunta «¿Longaniza come el alma?» o «¿adónde están las viejas [lunas]?», está haciendo lo que Sherman hace en sus retratos: heredar una identidad pretérita —«la antigua Finea» del Acto I— y exhibirla como interpretación presente. Finea es Finea, Finea es la actriz que interpreta a la Finea boba, y Finea es la boba misma. Liseo, como el espectador del museo ante un Sherman, ve solo el papel; el público del corral, como el espectador letrado de Sherman, ve los tres niveles. Y la pieza, como el proyecto de Sherman, dramatiza que la identidad femenina heredada es convención antes que naturaleza, y que la convención puede ser desempeñada o no a voluntad.

Hay una diferencia decisiva. Sherman, al fotografiarse como mujeres arquetipo, denuncia la convención al hacerla visible. Finea, al fingirse boba, no denuncia: aprovecha. Para el feminismo conceptual de Sherman, exponer la máscara es liberación crítica; en la dramaturgia barroca de Lope, sostener la máscara funciona como liberación práctica desde dentro. Las dos operaciones —mostrar la identidad como interpretación posible— iluminan a La dama boba desde tres siglos y medio adelante.ext3_sherman

Aparato textual (4 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
2543–2553gag de las lunas conservado O M(igual)(igual)(igual)
2588«¿Longaniza come el alma?» O(igual)(igual)(igual)
2604«tres que andan pintadas» O(igual)(igual)(igual)
2610«la peor guarnición» O M(igual)(igual)(igual)
  1. Sobre las tiradas largas de romance asonante en Lope y su función dramatúrgica, véase Marc Vitse, «Reglas y prácticas: la métrica en la Comedia del Siglo de Oro», en La comedia, ed. Jean Canavaggio (Madrid: Casa de Velázquez, 1995), 145-159, aquí 154.
  2. Sobre la cosmología popular del XVII y la confusión de las lunas, véase Felipe Pereda, Las imágenes de la discordia (Madrid: Marcial Pons, 2007), 213-228; Víctor Navarro Brotóns, La actividad astronómica en la España del siglo XVI (Salamanca: Universidad de Salamanca, 1995), 89-120.
  3. Edward H. Friedman, «Lope de Vega's La dama boba and the Construction of Comedy», Bulletin of Spanish Studies 90, n.º 4-5 (2013): 599-617, aquí 610.
  4. Torquato Accetto, Della dissimulazione onesta (Nápoles: Egidio Longo, 1641), ed. moderna Salvatore Nigro (Turín: Einaudi, 1997); Jon R. Snyder, Dissimulation and the Culture of Secrecy in Early Modern Europe (Berkeley: University of California Press, 2009), 145-189; Diego Rubio, The Ethics of Deception: Secrecy, Transparency and Deceit in the Origins of Modern Political Thought, tesis doctoral (Oxford: Magdalen College, 2016).
  5. Para una lectura conceptual de los Untitled Film Stills como crítica de la identidad femenina heredada, véase Rosalind Krauss, «Cindy Sherman: Untitled Film Stills», en Cindy Sherman 1975-1993 (New York: Rizzoli, 1993), 39-67; Judith Williamson, «Images of "Woman": The Photographs of Cindy Sherman», Screen 24, n.º 6 (1983): 102-116.