Hay un momento en el que la mecánica de la comedia revela su arquitectura sin disimulo: cuando el chiste que hizo posible el enredo empieza a trabajar en contra de quien más necesita que continúe. Llevamos dos actos viendo cómo Finea gana discreción gracias a Laurencio y cómo esa ganancia es el motor de toda la trama. El motor trabaja ahora en su contra.
Liseo, rechazado por Nise, mira a la nueva Finea —discreta, rica, libre de compromisos— y decide que ya no tiene razón para evitarla. El argumento que Turín ofrece para justificar el giro es el más agudo de la comedia: la promesa que Liseo hizo de no casarse con Finea fue hecha a propósito de otra persona, porque Finea era entonces otra. Del no saber al saber media un abismo que convierte a la misma mujer en «otra mujer». El argumento lo enuncia el gracioso, que no sabe que está haciendo filosofía; lo que produce el efecto cómico es que quien más debería rebatirlo —Laurencio— tampoco sabe cómo.
La escena está construida en cuatro segmentos sucesivos con personajes que se relevan sin cruzarse del todo: Miseno y Otavio arreglan el casamiento de Düardo con Finea; Liseo y Turín deciden perseguir a Finea; Laurencio se entera de las intenciones de Liseo; Finea irrumpe, en el peor momento posible para Laurencio, con un discurso de amor elaborado que habla de espejos y de luces. La información fluye en espiral: el público lo sabe todo; cada personaje sabe algo distinto.
que os satisfizo el agravio.2320OTAVIO.Hagamos este conciertode Düardo con Finea.Hijas, yo tengo que hablaros.FINEA.Yo nací para agradaros.OTAVIO.¿Quién hay que mi dicha crea?2326LISEO.Oye, Turín.TURÍN.¿Qué me quieres?LISEO.Quiérote comunicarun nuevo gusto.TURÍN.Si es darsobre tu amor pareceres,2330busca un letrado de amor.LISEO.Yo he mudado parecer.TURÍN.A ser dejar de querera Nise, fuera el mejor.LISEO.El mismo; porque Finea2333me ha de vengar de su agravio.TURÍN.No te tengo por tan sabioque tal discreción te crea.[LÉX]/[INT] v. 2331 «letrado de amor» — Turín aplica el vocabulario de la jurisprudencia al campo sentimental produciendo un oxímoron social —el letrado era el jurista universitario, hombre de razón y derecho—. El giro prolonga la tradición del advocatus amoris goliárdico, que en la poesía castellana del XV había dado lugar al topos del abogado que litiga ante el tribunal de Amor. Que Turín lo reformule en clave irónica contra su propio amo dice tanto sobre la tradición que parodia como sobre el estado del debate entre Liseo y él.LISEO.De nuevo quiero tratarmi casamiento. Allá voy.2337TURÍN.De tu parecer estoy.LISEO.Hoy me tengo de vengar.TURÍN.Nunca ha de ser el casarsepor vengarse de un desdén;que nunca se casó bien2343quien se casó por vengarse.Porque es gallarda Fineay porque el seso cobró—pues de Nise no sé yoque tan entendida sea—,2345será bien casarte luego.LISEO.Miseno ha venido aquí.Algo tratan contra mí.TURÍN.Que lo mires bien te ruego.LISEO.¡No hay más! ¡A pedirla voy!2353TURÍN.El cielo tus pasos guíey del error te desvíe,en que yo por Celia estoy.¡Que enamore Amor un hombrecomo yo! ¡Amor desatina!2356¡Que una ninfa de cocina,para blasón de su nombre,ponga «Aquí murió Turínentre sartenes y cazos!»LAURENCIO.Todo es poner embarazos2361para que no llegue al fin.PEDRO.¡Habla bajo, que hay escuchas!LAURENCIO.¡Oh, Turín!TURÍN.¡Señor Laurencio!LAURENCIO.¿Tanta quietud y silencio?TURÍN.Hay obligaciones muchas2370para callar un discreto,y yo muy discreto soy.LAURENCIO.¿Qué hay de Liseo?TURÍN.A eso voy.Fuese a casar.PEDRO.¡Buen secreto!2373TURÍN.Está tan enamoradode la señora Finea,si no es que venganza seade Nise, que me ha juradoque luego se ha de casar,2375y es ido a pedirla a Otavio.LAURENCIO.¿Podré yo llamarme a agravio?TURÍN.¿Pues él os puede agraviar?LAURENCIO.¿Las palabras suelen darsepara no cumplirlas?2383TURÍN.No.LAURENCIO.De no casarse la dio.TURÍN.Él no la quiebra en casarse.LAURENCIO.¿Cómo?TURÍN.Porque él no se casacon la que solía ser,sino con otra mujer.2388LAURENCIO.¿Cómo es otra?TURÍN.Porque pasadel no saber al saber,y con saber le obligó.¿Mandáis otra cosa?LAURENCIO.No.TURÍN.Pues adiós.LAURENCIO.¿Qué puedo hacer?2393¡Ay, Pedro! Lo que temíy tenía sospechadodel ingenio que ha mostradoFinea, se cumple aquí.Como la ha visto Liseo2395tan discreta, la aficiónha puesto en la discreción.PEDRO.Y en el oro, algún deseo.Cansole la bobería;la discreción le animó.2401FINEA.Clara, Laurencio, me dionuevas de tanta alegría.Luego a mi padre dejé,y aunque ella me lo callara,yo tengo quien me avisara,2405que es el alma que te vepor mil vidros y cristales,por dondequiera que vas,porque en mis ojos estáscon memorias inmortales.2410Todo este grande lugartiene colgado de espejosmi amor, juntos y parejospara poderte mirar.Si vuelvo el rostro, allí veo2415tu imagen; si a estotra parte,también; y ansí viene a dartenombre de sol mi deseo;que en cuantos espejos miray fuentes de pura plata,2420su bello rostro retratay su luz divina espira.EXT-1
El argumento de Turín: promesa, identidad y la frontera del saber
El razonamiento de los versos 2386-2393 es, reducido a su esqueleto, el siguiente: Laurencio recuerda que Liseo prometió no casarse con Finea; Turín responde que esa promesa no obliga, porque Liseo «no se casa / con la que solía ser, / sino con otra mujer», dado que Finea ha cruzado la frontera «del no saber al saber». La clave está en si ese cruce produce una persona cualitativamente distinta, es decir, si la identidad personal depende del estado de conocimiento de quien la ostenta.
La jurisprudencia matrimonial española del siglo XVI ofrecía un terreno para ese argumento. Los tratados sobre esponsales —de Tomás Sánchez a la casuística jesuítica— distinguían entre el consentimiento prestado en unas condiciones y el que se prestaría en otras: un prometido podía alegar que la persona con quien se comprometió ya no era «la misma» si mediaba una transformación sustancial de estado. La identidad moral de los contrayentes formaba parte de los debates sobre la validez del contrato matrimonial. El derecho canónico ponía el acento en el consensus de futuro y sus condiciones; un cambio radical en el sujeto podía, en algunos argumentos, disolver la obligación.ext1_jurisprudencia Turín no cita a Sánchez —sería inverosímil—, pero razona en el mismo registro, con la libertad del gracioso que puede decir verdades que el letrado no se permite.
Lo que da al momento su peso dramático particular es que Lope pone el argumento más afilado del acto en boca del personaje de rango más bajo. Turín ignora que está trazando una distinción filosófica: para él se trata sólo de buscar una razón que explique por qué su amo quiere a Finea y necesita perseguirla. Que el argumento sea, además, jurídicamente defensible es un regalo de Lope al espectador letrado, que puede reconocerlo sin que la escena pierda velocidad para quien no lo reconozca.
Laurencio, que es quien podría rebatirlo, responde «¿Cómo es otra?» — la única pregunta que le queda y, al mismo tiempo, la más devastadora para él mismo: nadie sabe mejor que él cómo es «otra», porque fue él quien la hizo así. La trampa que Turín enuncia es la misma en la que Laurencio cayó al principio del Acto II al iniciar la pedagogía amorosa.
La paradoja anticipa la formulación lockeana del problema (1690, Essay concerning Human Understanding II.xxvii): si la identidad personal depende de la continuidad de la conciencia (consciousness), y la conciencia ha cambiado radicalmente, ¿es la misma persona? Lope no plantea el problema en términos modernos; lo dramatiza setenta y siete años antes en boca de un lacayo. El gracioso cumple la función filosófica que la pieza necesita.
EXT-2
Los espejos de Finea: imagen, *phantasia* y amor neoplatónico en los versos 2410-2427
La cadena especular que Finea despliega en su discurso de amor —el alma que ve «por mil vidros y cristales», los ojos como cámara de retención, la sala entera cubierta de reflejos del amado— no es mero ornamento. Pertenece a una tradición filosófica que Leone Ebreo sistematizó en los Dialoghi d'amore (escritos h. 1502, publicados 1535), obra de circulación amplísima en España desde la traducción castellana del Inca Garcilaso de la Vega (1590) y que Lope conocía con certeza.ext2_ebreo En la doctrina de Ebreo, el amante lleva la imagen del amado grabada en la phantasia —la facultad imaginativa del alma— de modo que puede «verlo» con los ojos interiores en cualquier lugar y en cualquier momento. Los ojos físicos se convierten en acceso a esa imagen más permanente; la memoria amorosa es una forma de visión continua.
Finea lo formula en términos ópticos concretos que merecen leerse despacio. Los «vidros y cristales» son, en la anatomía del XVI, el cristalino del ojo —la parte transparente del globo ocular—, de modo que «el alma que te ve / por mil vidros y cristales» (vv. 2411-2412) dice algo preciso: el alma usa los ojos como ventanas al amado interior, multiplicadas hasta el infinito. La sala «colgada de espejos» es el espacio interior del alma —la phantasia— donde cada movimiento de Laurencio queda reflejado. Y la imagen final: el amado «viene a darte / nombre de sol», porque el sol es el único objeto que se reproduce intacto en todos los espejos y fuentes que mira, sin perder luz al hacerlo.
El verso de cierre de la escena tiene una variante textual que importa. O lee «y su luz divina espira» —donde espira significa 'exhala', 'irradia como un aliento'—, mientras M prefiere «y tu imagen bella admira» y AB «y tu imagen bella mira». La lección de O es más difícil y más rica: espira conecta con el spiritus neoplatónico, el «espíritu vital» que en la fisiología amorosa del XVI viajaba del amante al amado a través de los ojos. M y AB simplifican con verbos de visión (admirar, mirar) que son correctos pero menos densos. PROLOPE mantiene «espira» como lección autógrafa.
Lo que la escena revela, por debajo de la retórica, es que Finea habla ahora en el código que Laurencio habría reconocido desde el principio de la comedia: el de la lírica culta, el petrarquismo, el amor-imagen. Antes hablaba de amor con imágenes de la calle; aquí habla como hablan los que han aprendido que el amor tiene una lengua propia. La pregunta que el final de la escena deja abierta —¿lo sabe Laurencio, o solo lo siente?— no tiene respuesta dentro de estos versos.
Aparato textual (9 variantes)
Verso
PROLOPE (O)
Marín
López Martín
Patterson
2320
«al cielo»
«a Dios» M AB
(sigue M AB)
(sigue M AB)
2321
«Hagamos este»
«Tratemos nuestro» M AB
(sigue M AB)
(sigue M AB)
2335
«de su agravio»
(igual)
(igual)
(igual)
2347
«gallarda» O M
«discreta» AB
«gallarda»
(sigue O)
2391
atrib. LAURENCIO O
atrib. TURÍN M AB
(sigue M AB)
(sigue M AB)
2410
«mis ojos» O
«mi imagen» M
«mi memoria» AB
(sigue M)
2417
«colgado» O
«cubierto» M AB
(sigue M AB)
(sigue M AB)
2426
«su bello rostro» O
«tu bello rostro» M AB
(sigue M AB)
(sigue M AB)
2427
«y su luz divina espira» O
«y tu imagen bella admira» M / «y tu imagen bella mira» AB
(sigue O)
(sigue O)
↩ Tomás Sánchez, De sancto matrimonii sacramento, lib. I, disp. 7 (Lugduni: Horace Cardon, 1612). Sobre la casuística del consensus bajo transformación de condición, véase también Juan de Lugo, Disputationes scholasticae et morales, vol. V: De iustitia et iure (Lugduni: Borde et Arnaud, 1652), disp. XXII; sobre la formulación lockeana del problema de la identidad personal, John W. Yolton, Locke and the Way of Ideas (Oxford: Oxford University Press, 1956), 145-178.
↩ León Hebreo [Leone Ebreo], Diálogos de amor, trad. Inca Garcilaso de la Vega (Madrid: Pedro Madrigal, 1590). Sobre la presencia de los Dialoghi en la obra de Lope y en la comedia nueva en general, véase James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255, especialmente 242-248; sobre la doctrina del espejo en el petrarquismo castellano, María del Pilar Manero Sorolla, Imágenes petrarquistas en la lírica española del Renacimiento (Barcelona: PPU, 1990), 245-289.
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