Profundidad
Léxico y contexto
ACTO II · ESCENA 1

2.1 Después de un mes: la celebración de los galanes

Casa de Octavio (sala de Nise)

redondillasabbavv. 1063–1154décimasabbaaccddcvv. 1155–1214redondillasvv. 1215–1230

Abre el segundo acto un mes después del cierre del primero. Los tres galanes de la academia de Nise discuten la tardanza de la boda con Liseo, atribuyéndola a una leve enfermedad de la dama. La conversación es ligera, festiva, llena de ingenios cortesanos. Cuando Nise aparece, los tres galanes compiten en versos de celebración por su recuperación. La escena despliega, en métrica variada, la convención cortés de la enhorabuena de la salud. Bajo el juego retórico, sin embargo, late ya el conflicto: Laurencio está cortejando a Finea, Nise lo sospecha, y los celos van a estallar en la escena siguiente.

DUARDO.No siempre mueve el deseo el codicioso interés. LAURENCIO.¿De Nise la enfermedad ha sido causa bastante? FENISO.Ver a Finea ignorante templará su voluntad. LAURENCIO.Menos lo está que solía. Temo que amor ha de ser artificioso a encender piedra tan helada y fría. DUARDO.¡Tales milagros ha hecho en gente rústica Amor! FENISO.No se tendrá por menor dar alma a su rudo pecho. LAURENCIO.Amor, señores, ha sido aquel ingenio profundo que llaman alma del mundo, y es el dotor que ha tenido la cátreda de las ciencias; porque sólo con amor aprende el hombre mejor sus divinas diferencias. Así lo sintió Platón; esto Aristóteles dijo; que como del cielo es hijo, es todo contemplación; della nació el admirarse, y de admirarse nació el filosofar, que dio luz, con que pudo fundarse toda ciencia artificial, y a Amor se ha de agradecer que el deseo de saber es al hombre natural. Amor, con fuerza süave, dio al hombre el saber sentir; dio leyes para vivir político, honesto y grave. Amor repúblicas hizo; que la concordia nació de amor, con que a ser volvió lo que la guerra deshizo. Amor dio lengua a las aves, vistió la tierra de frutos, y como prados enjutos rompió el mar con fuertes naves. Amor enseñó a escribir altos y dulces concetos, como de su causa efetos. Amor enseñó a vestir al más rudo, al más grosero; de la elegancia fue Amor el maestro; el inventor fue de los versos primero; la música se le debe y la pintura. Pues ¿quién dejará de saber bien como sus efetos pruebe? No dudo de que a Finea, como ella comience a amar, la deje Amor de enseñar, por imposible que sea. FENISO.Está bien pensado ansí. ¿Y su padre lleva intento, por dicha, en el casamiento, que ame y sepa? DUARDO.Y yo de aquí, infamando amores locos, en limpio vengo a sacar que pocos deben de amar en lugar que saben pocos. FENISO.¡Linda malicia! LAURENCIO.¡Estremada! FENISO.¡Difícil cosa es saber! LAURENCIO.Sí, pero fácil creer que sabe, el que poco o nada. FENISO.¡Qué divino entendimiento tiene Nise! DUARDO.¡Celestial! FENISO.¿Cómo, siendo necio el mal, ha tenido atrevimiento para hacerle estos agravios, de tal ingenio desprecios? LAURENCIO.Porque de sufrir a necios suelen enfermar los sabios. DUARDO.¡Ella viene! FENISO.Y con razón se alegra cuanto la mira. NISE.Mucho la historia me admira. CELIA.Amores pienso que son fundados en el dinero. NISE.Nunca fundó su valor sobre dineros Amor; que busca el alma primero. DUARDO.Señora, a vuestra salud, hoy cuantas cosas os ven dan alegre parabién y tienen vida y quietud; que como vuestra virtud era el sol que se la dio, mientras el mal la eclipsó, también lo estuvieron ellas; que hasta ver vuestras estrellas fortuna el tiempo corrió. Mas como la primavera sale con pies de marfil y el vario velo sutil tiende en la verde ribera, corre el agua lisonjera y están riñendo las flores sobre tomar las colores; así vos salís trocando el triste tiempo y sembrando en campos de almas amores. FENISO.Ya se ríen estas fuentes, y son perlas las que fueron lágrimas, con que sintieron esas estrellas ausentes; ya las aves sus corrientes hacen instrumentos claros, con que quieren celebraros. Todo se anticipa a veros, y todo intenta ofreceros con lo que puede alegraros. Pues si con veros hacéis tales efetos agora donde no hay alma, señora, más de la que vos ponéis en mí ¿qué muestras haréis, qué señales de alegría, este venturoso día, después de tantos enojos, siendo vos sol de mis ojos, siendo vos alma en la mía? LAURENCIO.A estar sin vida llegué el tiempo que no os serví; que fue lo más que sentí, aunque sin mi culpa fue. Yo vuestros males pasé como cuerpo que animáis; vos movimiento me dais; yo soy instrumento vuestro, que en mi vida y salud muestro todo lo que vos pasáis. Parabién me den a mí de la salud que hay en vos, pues que pasamos los dos el mismo mal en que os vi. Solamente os ofendí, aunque la disculpa os muestro, en que este mal que fue nuestro, sólo tenerle debía, no vos, que sois alma mía, yo sí, que soy cuerpo vuestro. NISE.Pienso que de oposición me dais los tres parabién. LAURENCIO.Y es bien, pues lo sois por quien viven los que vuestros son. NISE.Divertíos, por mi vida, cortándome algunas flores los dos, pues con sus colores la diferencia os convida deste jardín, porque quiero hablar a Laurencio un poco. DUARDO.Quien ama y sufre, o es loco o necio. FENISO.Tal premio espero. DUARDO.No son vanos mis recelos. FENISO.Ella le quiere. DUARDO.Yo haré un ramillete de fe, pero sembrado de celos.
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La academia en función: la enhorabuena cortesana

La escena dramatiza una práctica habitual en las academias literarias del XVII: la enhorabuena, composición poética por el restablecimiento de la salud de la presidenta o de un miembro destacado. Las academias de Sevilla, Madrid y Valencia conservaban registros de estas celebraciones en sus actas. La forma estándar era una composición en verso (décima o soneto) con estructura tripartita: invocación, elogio, augurio.

Lope reproduce el formato con fidelidad. Los tres galanes (Duardo, Feniso, Laurencio) se turnan en décimas que cumplen los tres movimientos. La diferencia es que Lope añade el subtexto: mientras los versos celebran la salud de Nise, el espectador sabe que Laurencio está cortejando a Finea. La cortesía pública oculta la traición privada, y el lector atento percibe la disonancia.

La línea de los académicos es típica del Madrid de 1613. La academia del duque de Pastrana (mencionada en 3.2 v. 2126), la de los condes de Lemos, las academias informales que se reunían en las casas de la nobleza media: todas practicaban este ritual. Lope mismo había participado en varias y conocía las convenciones.ext1_academias

EXT-2

La frase de Celia: «amores fundados en dinero»

Celia, criada de Nise, enuncia en el verso 1156 lo que la pieza ha ocultado bajo el barniz neoplatónico desde el verso 635 (el soneto al Pensamiento de Laurencio). La crítica suele atribuir a los criados la función de revelar lo que el galán oculta. Celia hace exactamente eso: dice lo que la pieza no quiere que se diga.

Robert ter Horst leyó esta frase como momento de revelación moral: «la economía está en boca de los criados, la doctrina en boca de los señores; pero los criados aciertan más en lo que predicen».ext2_terhorst La estructura social del corral —donde los lacayos eran percibidos como portavoces de la verdad incómoda— soportaba este tipo de revelación. La frase de Celia, brevísima, contiene la lectura económica de toda la pieza.

Aparato textual (3 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
1133–1135atrib. variantesLAURENCIO M AB(sigue O)(sigue O)
1156«fundados en el dinero» O(igual)(igual)(igual)
1191–1210décima de Laurencio O(igual)(igual)(igual)
  1. Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega, ed. Espejo Surós y Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: EUNSA, 2020), 111-129, aquí 115-116; Marc Vitse, «Polimetría y estructuras dramáticas en la comedia de corral del siglo XVII», en El sustento de los discretos, ed. Aurora Egido y José Enrique Laplana (Zaragoza: IFC, 2007), 165-180.
  2. Sobre la convención de la discontinuidad temporal en la comedia áurea y la ruptura lopesca con las unidades aristotélicas, véase Felipe B. Pedraza Jiménez, El universo poético de Lope de Vega (Madrid: Laberinto, 2003), 145-167.
  3. James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255, aquí 250-252.
  4. Sobre las academias literarias del Madrid del XVII, véase José Sánchez, Academias literarias del Siglo de Oro español (Madrid: Gredos, 1961), 89-145; Willard F. King, Prosa novelística y academias literarias en el siglo XVII (Madrid: Real Academia Española, 1963).
  5. Robert ter Horst, «The Economic Parable of Time in Lope de Vega's La dama boba», Romanistisches Jahrbuch 27 (1976): 294-313, aquí 302.