2.2 El parlamento del Amor inventor
Casa de Octavio
Conversación nuclear de la academia. Laurencio, cuestionado por Nise sobre el origen del amor, despliega un parlamento extenso donde defiende al Amor como inventor universal de las artes. La pieza alcanza aquí uno de sus momentos teóricos más densos: el amor crea la palabra, la pintura, la música, la escultura, la arquitectura, la navegación, la ley, el comercio. La tesis es de raíz neoplatónica con ecos ovidianos, y prepara doctrinalmente el monólogo en décimas del Acto III. Laurencio, además, está ya enamorado de Finea y la defiende implícitamente: si el amor inventa todas las artes, también puede inventar a la dama.
El catálogo del Amor inventor: tradición y dramatización
La idea de que el amor es inventor de las artes y las ciencias tiene linaje. En Hesíodo, Eros es divinidad primordial; en el Banquete platónico, el discurso de Erixímaco (185c-188e) atribuye al amor la salud y las artes médicas; en Plotino, el amor cósmico es principio cohesivo del kosmos. Pero la formulación canónica para el Renacimiento europeo es la de Marsilio Ficino en De amore II.viii (1469-1484), donde se enumeran las invenciones del amor: pintura, música, poesía, escultura, navegación, agricultura, gobierno, ciencia.
Castiglione retomó la enumeración en El Cortesano (libro IV, discurso de Bembo), con el matiz cristiano de que las artes del amor preparan al alma para la contemplación divina. Boscán tradujo Castiglione al castellano en 1534, y la imagen circulaba en las academias literarias del Madrid de Lope.
La economía de la versión lopesca es lo más llamativo. Donde Ficino necesita varias páginas y Castiglione varios discursos, aquí caben unos cien versos en romance. La métrica narrativa permite el catálogo sin densidad doctrinal abrumadora; el patio oye una enumeración rítmica y entiende que el amor crea muchas cosas. La sutileza filosófica queda para el oyente letrado.
La Ilustración 6, El amor como maestro universal, dramatiza visualmente el catálogo: Cupido en el centro con flechas que se transforman en pluma, pincel, lira, balanza, quilla. La iconografía es de raíz emblemática (los emblemas de Alciato y Covarrubias representaban a Cupido como inventor) y conecta la pieza con la cultura visual del XVII.ext1_amor
La sospecha de Nise: dramaturgia del celo
El verso 1322 de Nise («Porque no le aprendes / sino al uso de tu sangre») es uno de los momentos más afilados del Acto II. Nise, sin testimonios concretos pero con la intuición femenina aguda, percibe que el amor de Laurencio no es el doctrinal que él predica. La sangre opera por debajo del entendimiento.
El celo aparece aquí como percepción veraz, lejos de la pasión irracional con que la convención lo despachaba. Nise acierta: Laurencio está cortejando a Finea. Su celo es lectura correcta del subtexto. La pieza castiga, sin embargo, el celo: en escenas posteriores, Nise se pondrá histérica, y el público del patio, condicionado por el código de género, tomará partido por Laurencio (el galán) contra Nise (la celosa). La estructura cómica oprime la verdad que Nise enuncia.
Aparato textual (2 variantes)
| Verso | PROLOPE (O) | Marín | López Martín | Patterson |
|---|---|---|---|---|
| 1290–1310 | catálogo del Amor inventor conservado O M | (igual) | (igual) | (igual) |
| 1322 | «al uso de tu sangre» O | (igual) | (igual) | (igual) |
- ↩ Sobre la modulación de asonancias en los romances dramáticos lopescos, véase Marc Vitse, «Reglas y prácticas: la métrica en la Comedia del Siglo de Oro», en La comedia, ed. Jean Canavaggio (Madrid: Casa de Velázquez, 1995), 145-159.
- ↩ Sobre la emblemática del Amor inventor en el XVI-XVII, véase Aurora Egido, «La emblemática y el teatro del Siglo de Oro», en El Barroco de los modernos (Salamanca: Universidad de Salamanca, 2009), 189-210; Karl-Ludwig Selig, Emblems and the Spanish Theater (Madrid: Castalia, 1990), 67-89.
- ↩ Sobre la tradición del Amor inventor en el Renacimiento, véase Edgar Wind, Pagan Mysteries in the Renaissance (London: Faber & Faber, 1958), 130-154; Marsilio Ficino, De amore. Comentario a «El Banquete» de Platón, trad. Rocío de la Villa Ardura (Madrid: Tecnos, 1989), II.viii.