3.9 El banquete en el desván llamado «Toledo»
Casa de Octavio
Una de las escenas más sutiles de toda la pieza: el banquete clandestino en el desván no se muestra, se cuenta. Celia, criada de Nise, ha espiado lo que ocurre arriba y ahora lo relata a Octavio. La técnica es de la teichoscopia —relato desde la muralla— de raíz homérica: lo que el espectador no ve, lo descubre por la voz de un testigo. Lope eligió esta vía por economía dramática (no se puede reproducir el banquete entero) y por sutileza moral (el espectador imagina más de lo que vería). El resultado es una de las escenas más entrañables del teatro áureo, narrada con vigor y humor por una criada cómplice del orden paterno.
La escena cumple tres funciones: termina de revelar a Octavio el engaño que Finea ha mantenido durante toda la escena 3.8; describe la imagen utópica de cuatro personajes —dos amos, dos criados— comiendo en igualdad; y prepara la irrupción del padre con la espada en la escena 3.10. La métrica es redondilla, el metro del diálogo doméstico, elegido aquí para sostener el tono coloquial de Celia, que cuenta la transgresión sin solemnizarla.
La doctrina socrática en la antigua boba: el saber del no saber
Los versos 2952-2960 («La confïanza secreta / tanto el sentido les roba, / que, cuando era yo muy boba, / me tuve por muy discreta; / y como es tan semejante / el saber con la humildad, / ya que tengo habilidad, / me tengo por inorante») son uno de los pasajes filosóficos más altos del teatro áureo, comparable solo al monólogo 3.1 de la propia Finea. La doctrina es estrictamente socrática: los necios se creen sabios; los sabios se reconocen ignorantes.
La frase canónica es la Apología de Sócrates 21d, donde Sócrates dice del oráculo de Delfos: «Yo creo que ninguno de los dos sabe nada bello ni bueno; pero él cree saber, sin saber, mientras que yo, como no sé, no creo saber». La doctrina cruzó la tradición filosófica: Cicerón la cita en Tusculanae III.7, San Agustín la integra en Confesiones X.8, Tomás de Aquino la matiza en Suma teológica II-II, q. 161 (sobre la humildad).
Que Finea formule la doctrina con tanta precisión —como es tan semejante el saber con la humildad, ya que tengo habilidad, me tengo por inorante— es prueba de que su transformación ha sido completa. La heroína no solo ha aprendido habilidades (lectura, escritura, conversación culta); ha aprendido el reconocimiento de los límites del saber. La línea coloca a Finea en linaje socrático sin que ella lo sepa: la antigua boba enuncia, en castellano popular, lo que el filósofo griego enunció hace dos mil años.
La operación dramatúrgica es típica del Lope maduro: poner doctrina filosófica de primer orden en boca aparentemente cotidiana. El espectador del corral oye una sentencia bonita; el lector culto reconoce la fuente platónica. La doble lectura se sostiene sin chirridos.ext1_socrates
El catálogo satírico del desván: Quevedo y la sociología cómica del XVII
La enumeración de Clara (vv. 2961-2985) compone un catálogo satírico de tipos sociales que «viven en el desván» (= en la mediocridad, en el autoengaño). La técnica retórica —enumerar tipos en serie con anáfora— es de raíz quevediana: aparece en los Sueños (1606-1622), en las Cartas del Caballero de la Tenaza, en los Sueños y discursos. El procedimiento permite componer un microcosmos crítico de la sociedad madrileña en pocos versos.
Los once tipos enumerados componen un repertorio sociológico exacto del Madrid de 1613:
1. El matador criminal: el bravucón que mata pero queda impune. Crítica al sistema de justicia que dejaba sin castigo a los nobles violentos. 2. El desgraciado que dice gracias: el chistoso pesado que pretende hacer gracia y solo provoca desprecio. 3. La dama crédula al adulador: la mujer que confía en quien la halaga, perdiendo años de fama por una hora de discreción. 4. El lindo presumido: el petimetre de la corte que se cree caimán (= temible) y el espejo lo desengaña. 5. El cantor con voz de bueyes: el aficionado a la música que canta mal y se cree tenor. 6. El morisco-godo: el converso que falsifica linaje pretendiéndose noble visigodo. 7. El versista lego: el aficionado a la poesía sin formación que escribe «versos legos y donados». 8. El fanfarrón en peligro: el que vive de fanfarronería y queda expuesto a desgracias.
La sátira es sociológicamente precisa. Cada tipo correspondía a una categoría reconocible del Madrid del primer XVII, y la pieza los coloca todos en el desván (= en la mediocridad disimulada). La operación es democrática: si todos viven en el desván, el desván deja de ser marginal y se vuelve espacio común. Finea, que se va al desván literalmente, no se baja; entra en el espacio donde todo el mundo está.ext2_catalogo
El desván como espacio de utopía cómica
El desván donde Finea se refugia tiene tres nombres simultáneos en la pieza: desván (espacio físico), Toledo (apodo que ella le ha puesto en 3.8), escondite (función dramática). Lope juega con la triple denominación para construir un espacio escénico de utopía cómica.
La utopía consiste en que en ese desván hay igualdad. Finea está sentada en el suelo (no en silla), come con las manos (no con cubiertos), bebe del mismo recipiente que los criados. La estructura jerárquica de la casa de Octavio se suspende. La pareja amos-criados (Finea-Laurencio + Clara-Pedro) opera como cuatro iguales en una pequeña liturgia carnavalesca.
La Ilustración 14 del plan editorial visualiza esta dimensión: cuatro figuras sentadas en círculo alrededor de los manteles blancos, en un desván cubista cerrado y luminoso. El gato (la Romana del primer acto, o un descendiente) los observa desde una esquina. El espacio es, dramáticamente, refugio.
Bakhtin, en Rabelais y su mundo, había teorizado el carnaval como inversión festiva del orden social. La dama boba construye, en este desván, un pequeño carnaval doméstico: el espacio de los servicios (despensa, escondite) se convierte en el espacio de la fiesta, y la jerarquía se invierte temporalmente. La irrupción de Octavio con la espada en la siguiente escena restablecerá el orden. Pero el espectador habrá vislumbrado lo que la pieza ofrece como horizonte: una comunión posible entre amantes y servidores, sin convenciones de rango.ext3_bakhtin
Que Finea repita tres veces «al desván» (vv. 3008, 3015, 3017) en la última parte de la escena es marca de la fórmula mágica que ha construido. El topónimo se ha vuelto operador dramático: dice al desván y todo el mundo (padre, pretendientes) acepta la fuga sin oponerse. La palabra crea el espacio que la palabra describe. Es nominalismo en acto.
Aparato textual (6 variantes)
| Verso | PROLOPE (O) | Marín | López Martín | Patterson |
|---|---|---|---|---|
| 2937 | «propia casa de amantes» O | (igual) | (igual) | (igual) |
| 2945 | «fue divino su nombre» O | (igual) | (igual) | (igual) |
| 2960 | «inorante» O | «ignorante» mod. | (sigue O) | (sigue O) |
| 2972 | «caimán» O | (igual) | (igual) | (igual) |
| 2976 | «de Muleyes» O | (igual) | (igual) | (igual) |
| 3015 | «Voyme al desván» O | (igual) | (igual) | (igual) |
- ↩ Sobre la sátira de la limpieza de sangre en el teatro áureo, véase Albert A. Sicroff, Los estatutos de limpieza de sangre. Controversias entre los siglos XV y XVII (Madrid: Taurus, 1985); Antonio Domínguez Ortiz, Los conversos de origen judío después de la expulsión (Madrid: CSIC, 1955), 89-128.
- ↩ Sobre la doctrina socrática del no saber y su recepción en el XVII, véase Pierre Hadot, Qu'est-ce que la philosophie antique? (Paris: Gallimard, 1995), 89-128; Aurora Egido, Las caras de la prudencia y Baltasar Gracián (Madrid: Castalia, 2000), 156-189.
- ↩ Sobre el catálogo satírico en la literatura del XVII, véase James Iffland, Quevedo and the Grotesque (Londres: Tamesis, 1978-1982), 89-128; Lía Schwartz, Las sátiras de Quevedo y su tradición clásica (Madrid: Castalia, 2010), 145-189.
- ↩ Mikhail Bakhtin, Rabelais y su mundo, trad. Julio Forcat (Madrid: Alianza, 1987), 78-92; sobre la aplicación al teatro áureo, José Antonio Maravall, La cultura del Barroco (Barcelona: Ariel, 1975), capítulo XII; sobre la inversión social en la comedia, Mary Elizabeth Perry, Gender and Disorder in Early Modern Seville (Princeton: Princeton University Press, 1990), 89-128.