endecasílabos sueltos con pareadosvv. 1788–1824introspección lírica y diálogo amorosoredondillasabbavv. 1825–1860introspección lírica y diálogo amoroso
Conviven en esta escena dos movimientos que merecen distinguirse antes de entrar en el texto. Por un lado, Finea adquiere una palabra: «celos». Por otro, demuestra —en el mismo momento en que la adquiere— que ya sabía lo que esa palabra nombra. Ese es el truco dramático, y es el eje conceptual del segundo acto: la boba no aprende los sentimientos, los tiene; aprende a nombrarlos, que es otra cosa. Y nombrarlos no la cura.
La escena arranca en continuidad con la anterior: Laurencio se ha ido con Nise («ella se le lleva en fin»), y ese espectáculo ya arde en Finea antes de que Otavio interrumpa su soledad. El diálogo con el padre opera como espejo: Otavio cree que está educando a su hija; lo que hace es proporcionarle el vocabulario que necesita para articular lo que siente. La ironía de que sea el padre —y no Laurencio, ni Nise, ni ningún personaje del mundo amoroso— quien le enseñe la palabra «celos» es detalle cuidado: el amor entra en Finea por la vía menos probable, la del deber filial.
La segunda mitad pertenece a Finea sola y luego en pareja con Laurencio. Las redondillas (vv. 1825-1860) tienen una textura distinta a los endecasílabos que las preceden: son más rápidas, más íntimas, más expuestas. Finea, sola, habla en el metro que en la comedia lopesca se asigna al interior afectivo; cuando Laurencio entra, el diálogo en redondillas se convierte en un intercambio de acertijos sobre el remedio del amor, donde cada respuesta es una declaración cifrada y una trampa.
La escena es pivote porque cristaliza la transformación que se anunciaba desde el primer acto. Cuando Finea dice «yo estoy celosa de ti; / que ya sé lo que son celos» (vv. 1848-1849), la comedia da un giro irreversible: la boba ha nombrado su deseo. Lo que venga después —el disfraz, el ingenio, la conquista— estaba ya latente en este momento.
OTAVIO.Pues eso, ¿a qué propósito?1791FINEA.¿Enojado,no me dijiste aquí que era mal hechoabrazar a Laurencio? ¿Pues agoraque me desabrazase le he rogado,y el abrazo pasado me ha quitado.OTAVIO.¿Hay cosa semejante? Pues di, bestia,¿otra vez le abrazabas?FINEA.Que no es eso;fue la primera vez alzado el brazoderecho de Laurencio, aquel abrazo,y agora levantó, que bien me acuerdo,porque fuese al revés, el brazo izquierdo.Luego desabrazada estoy agora.1800OTAVIO.(Cuando pienso que sabe, más ignora;ello es querer hacer lo que no quisoNaturaleza.)FINEA.Diga, señor padre,¿cómo llaman aquello que se sientecuando se va con otro lo que se ama?1805OTAVIO.Ese agravio de amor, "celos" se llama.FINEA.¿Celos?OTAVIO.¿Pues no lo ves que son sus hijos?FINEA.El padre puede dar mil regocijosy es muy hombre de bien, mas desdichadoen que tan malos hijos ha crïado.1810OTAVIO.(Luz va tiniendo ya. Pienso y bien piensoque si Amor la enseñase, aprendería.)FINEA.¿Con qué se quita el mal de celosía?OTAVIO.Con desenamorarse, si hay agravio,que es el remedio más prudente y sabio;que mientras hay amor ha de haber celos,pensión que dieron a este bien los cielos.¿Adónde Nise está?FINEA.Junto a la fuente,con Laurencio se fue.1820OTAVIO.¡Cansada cosa!Aprenda noramala a hablar su prosa,déjese de sonetos y canciones;allá voy, a romperles las razones.FINEA.¿Por quién, en el mundo, pasaesto que pasa por mí?¿Qué vi denantes, qué vi,que así me enciende y me abrasa?Celos dice el padre míoque son. ¡Brava enfermedad!1825LAURENCIO.(Huyendo su autoridad,de enojarle me desvío;aunque, en parte, le agradezcoque estorbase los enojosde Nise. Aquí están los ojosa cuyos rayos me ofrezco.)¿Señora?1835FINEA.Estoy por no hablarte.¿Cómo te fuiste con Nise?LAURENCIO.No me fui porque yo quise.FINEA.Pues ¿por qué?LAURENCIO.Por no enojarte.FINEA.Pésame si no te veo,y en viéndote, ya querríaque te fueses, y a porfíaanda el temor y el deseo.Yo estoy celosa de ti;que ya sé lo que son celos;que su duro nombre -¡ay cielos!-me dijo mi padre aquí;mas también me dio el remedio.1845LAURENCIO.¿Cuál es?FINEA.Desenamorarme;porque podré sosegarmequitando el amor de en medio.1850LAURENCIO.Pues eso, ¿cómo ha de ser?FINEA.El que me puso el amorme le quitará mejor.LAURENCIO.Un remedio suele haber.FINEA.¿Cuál?LAURENCIO.Los que vienen aquíal remedio ayudarán.PEDRO.Finea y Laurencio estánjuntos.FENISO.Y él fuera de sí.1860EXT-1
El nombre del sentimiento: fenomenología de los celos
La frase «ya sé lo que son celos; / que su duro nombre […] me dijo mi padre aquí» (vv. 1841-1843) es una de las articulaciones más sutiles de la pieza sobre la relación entre sentimiento y lenguaje. Finea estructura la experiencia en tres tiempos: (1) sintió celos sin saberlo, (2) el padre le dio el nombre, (3) ahora sabe lo que sentía.
La doctrina implícita es fenomenológica: la experiencia precede al concepto, pero el concepto retrospectivamente identifica la experiencia. Husserl, en Ideen I (1913), formularía el problema como intencionalidad de la conciencia: la conciencia se dirige hacia algo (en este caso, los celos) antes de tener el concepto que lo nombre. Merleau-Ponty, en Phénoménologie de la perception (1945), profundizaría: el cuerpo siente antes que el espíritu nombra.
Finea anticipa, en redondilla castellana, esta intuición fenomenológica. Sus celos son antes de tener nombre. Solo cuando el padre le da la palabra, ella puede identificar lo que ya sentía. La pieza dramatiza así una pedagogía sentimental no doctrinal: no se aprende a sentir aprendiendo nombres; los nombres llegan después y articulan lo ya sentido.ext1_fenomenologia
Aparato textual (2 variantes)
Verso
PROLOPE (O)
Marín
López Martín
Patterson
1841–1843
«yo estoy celosa de ti» O
(igual)
(igual)
(igual)
1846
«desenamorarme» O
(igual)
(igual)
(igual)
↩ Sobre la fenomenología del sentimiento como anticipación lopesca, véase Aurora Egido, El barroco de los modernos (Salamanca: Universidad de Salamanca, 2009), 213-245; sobre Merleau-Ponty y el cuerpo sintiente, Phénoménologie de la perception (Paris: Gallimard, 1945), 145-189.
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