Profundidad
Léxico y contexto
ACTO I · ESCENA 4

1.4 La lección imposible

Casa de Octavio, interior

redondillasabbavv. 310–414diálogo vivo, conflicto cómico

Llega aquí la primera de las grandes escenas cómicas de la pieza, y pide lectura cuidadosa: debajo del chiste evidente —el dómine que no logra enseñar el alfabeto a su alumna— se plantea ya, en abril de 1613, un problema que la filosofía del XVII europeo tardará casi un siglo en formular con palabras propias: el del signo lingüístico arbitrario. Finea no es una alumna mala. Es una alumna empirista. Y Rufino, a tientas, se equivoca en cada movimiento pedagógico que hace.

CELIA.En los principios está. RUFINO.¡Paciencia, y no letras, muestro! ¿Qué es ésta? FINEA.Letra será. RUFINO.¿Letra? FINEA.Pues, ¡es otra cosa? RUFINO.No, sino el alba (¡qué hermosa bestia!). FINEA.Bien, bien. Sí, ya, ya; el alba debe de ser, cuando andaba entre las coles. RUFINO.Esta es «Ca». Los españoles no la solemos poner en nuestra lengua jamás. Úsanla mucho alemanes y flamencos. FINEA.¡Qué galanes van todos éstos detrás! RUFINO.Estas son letras también. FINEA.¿Tantas hay? RUFINO.Veintitrés son.^ FINEA.Ara vaya de lición; que yo lo diré muy bien. RUFINO.¿Qué es esta? FINEA.Aquésta no sé. RUFINO.¿Y esta? FINEA.No sé qué responda. RUFINO.¿Y esta? FINEA.¿Cuál? ¿Esta, redonda? ¡Letra! RUFINO.¡Bien! FINEA.¿Luego, acerté? RUFINO.¡Linda bestia! FINEA.¡Así, así! Bestia, ¡por Dios!, se llamaba; pero no se me acordaba. RUFINO.Esta es «erre», y esta es «i». FINEA.Pues, ¿si tú lo traes errado...? NISE.(¡Con qué pesadumbre están!) RUFINO.Di aquí B, A, N; ban. FINEA.¿Dónde van? RUFINO.¡Gentil cuidado! FINEA.¿Que se van, no me decías? RUFINO.Letras son.¡Míralas bien! FINEA.Ya miro. RUFINO.B, E, N; ben. FINEA.¿Adónde? RUFINO.¡Adónde en mis días no te vuelva más a ver! FINEA.¿Ven, no dices? Pues ya voy. RUFINO.¡Perdiendo el jüicio estoy! ¡Es imposible aprender! ¡Vive Dios, que te he de dar una palmeta! FINEA.¿Tú, a mí? RUFINO.¡Muestra la mano! FINEA.Hela aquí. RUFINO.¡Aprende a deletrear! FINEA.¡Ay, perro! ¿Aquesto es palmeta? RUFINO.Pues, ¿qué pensabas? FINEA.¡Aguarda!... NISE.¡Ella le mata! CELIA.Ya tarda tu favor, Nise discreta. RUFINO.¡Ay, que me mata! NISE.¿Qué es esto? ¿A tu maestro...? FINEA.Hame dado causa. NISE.¿Cómo? FINEA.Hame engañado. RUFINO.¿Yo, engañado? NISE.¡Dila presto! FINEA.Estaba aprendiendo aquí la letra bestia y la Ca... NISE.La primera sabes ya. FINEA.Es verdad, ya la aprendí. Sacó un zoquete de palo y al cabo una media bola; pidiome la mano sola —¡mira qué lindo regalo!—, y apenas me la tomó, cuando, ¡zas!, la bola asienta, que pica como pimienta, y la mano me quebró. NISE.Cuando el discípulo ignora, tiene el maestro licencia de castigar. FINEA.¡Linda ciencia! RUFINO.Aunque me diese, señora, CELIA.¡Fuese! NISE.No tienes razón. Sufrir y aprender conviene. FINEA.Pues ¿las letras que allí están, yo no las aprendo bien? Vengo cuando dice «ven», y voy cuando dice «van». ¿Qué quiere, Nise, el maestro, quebrándome la cabeza con ban, bin, bon? CELIA.(¡Ella es pieza de rey!) NISE.Quiere el padre nuestro que aprendamos. FINEA.Yo ya sé el Padrenuestro. NISE.No digo sino el nuestro; y el castigo por darte memoria fue. FINEA.Póngame un hilo en el dedo y no aquel palo en la palma. CELIA.Mas que se te sale el alma, si lo sabe. FINEA.¡Muerta quedo! ¡Oh, Celia! No se lo digas, y verás qué te daré. CLARA.¡Topé contigo, a la fe! NISE.Ya, Celia, las dos amigas se han juntado. CELIA.A nadie quiere más, en todas las crïadas. CLARA.¡Dame albricias, tan bien dadas como el suceso requiere! FINEA.Pues ¿de qué son? CLARA.Ya parió nuestra gata la Romana. FINEA.¿Cierto, cierto? CLARA.Esta mañana. FINEA.¿Parió en el tejado? CLARA.No. FINEA.¿Pues dónde? CLARA.En el aposento. ¡Qué cierto se echó de ver su entendimiento! FINEA.¡Es mujer notable! CLARA.Escucha un momento: salía, por donde suele, el sol muy galán y rico, con la librea del rey