Profundidad
Léxico y contexto
ACTO I · ESCENA 1

1.1 La venta de Illescas

Venta de Illescas (Toledo-Madrid)

redondillasabbavv. 1–184diálogo vivo

La pieza arranca en una venta entre Toledo y Madrid, a medio camino. El recurso es típicamente cervantino —recordemos las ventas del Quijote— y permite una exposición tranquila: dos viajeros conversan, llega un tercero con noticias, el público se entera del argumento sin que nadie lo enuncie. Liseo es el pretendiente forastero que viaja a casarse con Finea; Turín es su lacayo escéptico; Leandro será el informante involuntario que le advertirá sobre la naturaleza de su prometida. La escena es expositiva, salpicada de chistes urbanos —las posadas con chinches, las medidas de la Virgen, los romeros— que muestran la vida real del camino castellano de 1613.

LISEO.¡Qué lindas posadas! TURÍN.¡Frescas! LISEO.¿No hay calor? TURÍN.Chinches y ropa tienen fama en toda Europa. LISEO.¡Famoso lugar, Illescas! No hay en todos los que miras quien le iguale. TURÍN.Aun si supieses la causa... LISEO.¿Cuál es? TURÍN.Dos meses de guindas y de mentiras. LISEO.Como aquí, Turín, se juntan de la Corte y de Sevilla, Andalucía y Castilla, unos a otros preguntan; unos de las Indias cuentan, y otros con discursos largos de provisiones y cargos, cosas que el vulgo alimentan. ¿No tomaste las medidas? TURÍN.Una docena tomé. LISEO.¿Y imágenes? TURÍN.Con la fe que son de España admitidas, por milagrosas en todo cuanto, en cualquiera ocasión, les pide la devoción y el nombre. LISEO.Pues, dese modo, lleguen las postas, y vamos. TURÍN.¿No has de comer? LISEO.Aguardar a que se guise es pensar que a media noche llegamos; y un desposado, Turín, ha de llegar cuando pueda lucir. TURÍN.Muy atrás se queda con el repuesto Marín; pero yo traigo qué comas. LISEO.¿Qué traes? TURÍN.Ya lo verás. LISEO.Dilo. TURÍN.¡Guarda! LISEO.Necio estás. TURÍN.¿Desto pesadumbre tomas? LISEO.Pues, para decir lo que es... TURÍN.Hay a quien pesa de oír su nombre, basta decir; que tú lo sabrás después. LISEO.¿Entretiénese la hambre con saber qué ha de comer? TURÍN.Pues sábete que ha de ser... LISEO.¡Presto! TURÍN....tocino fiambre. LISEO.Pues ¿a quién puede pesar de oír nombre tan hidalgo? Turín, si me has de dar algo, ¿qué cosa me puedes dar que tenga igual a ese nombre? TURÍN.Esto y una hermosa caja. LISEO.Dame de queso una raja, que nunca el dulce es muy hombre. TURÍN.Esas liciones no son de galán, ni desposado. LISEO.Aún agora no he llegado. TURÍN.Las damas de corte son todas un fino cristal, trasparentes y divinas. LISEO.Turín, las más cristalinas comerán. TURÍN.¡Es natural! Pero esta hermosa Finea con quien a casarte vas comerá... LISEO.Dilo. TURÍN....no más de azúcar, maná y jalea. Pasarase una semana con dos puntos en el aire de azúcar. LISEO.¡Gentil donaire! TURÍN.¿Qué piensas dar a su hermana? LISEO.A Nise, su hermana bella, una rosa de diamantes, que así tengan los amantes tales firmezas con ella; y una cadena también, que compite con la rosa. TURÍN.Dicen que es también hermosa. LISEO.Mi esposa parece bien, si doy crédito a la fama. De su hermana poco sé, pero basta que me dé lo que más se estima y ama. TURÍN.¡Bello golpe de dinero!^ LISEO.Son cuarenta mil ducados. TURÍN.¡Bravo dote! LISEO.Si contados los llego a ver, como espero. TURÍN.De un macho con guarniciones verdes y estribos de palo, se apea un hidalgo. LISEO.¡Malo, si la merienda me pones!

Entra Leandro, de camino.

LEANDRO.Huésped, ¿habrá qué comer? LISEO.Seáis, señor, bien llegado. LEANDRO.Y vos en la misma hallado. LISEO.¿A Madrid...? LEANDRO.Dejele ayer, cansado de no salir con pretensiones cansadas. LISEO.Ésas van adjetivadas con esperar y sufrir. Holgara, por ir con vos, lleváramos un camino... LEANDRO.Si vais a lo que imagino, nunca lo permita Dios. LISEO.No llevo qué pretender; a negocios hechos voy. ¿Sois de ese lugar? LEANDRO.Sí, soy. LISEO.Luego podréis conocer la persona que os nombrare. LEANDRO.Es Madrid una talega de piezas, donde se anega cuanto su máquina pare. Los reyes, roques y arfiles conocidas casas tienen; los demás que van y vienen son como peones viles. Todo es allí confusión. LISEO.No es Otavio pieza vil. LEANDRO.Si es quien yo pienso, es arfil y pieza de estimación. LISEO.Quien yo digo es padre noble de dos hijas. LEANDRO.Ya sé quién; pero dijérades bien que de una palma y de un roble. LISEO.¿Cómo? LEANDRO.Que entrambas lo son, pues Nise bella es la palma; Finea, un roble, sin alma y discurso de razón. Nise es mujer tan discreta, sabia, gallarda, entendida, cuanto Finea encogida, boba, indigna y imperfeta. Y aun pienso que oí tratar que la casaban... LISEO.(¿No escuchas?) LEANDRO.Verdad es que no habrá muchas que la puedan igualar en el riquísimo dote; mas ¡ay de aquel desdichado que espera una bestia al lado! Pues más de algún marquesote, a codicia del dinero, pretende la bobería desta dama, y a porfía hacen su calle terrero. LISEO.(Yo llevo lindo concierto. ¡A gentiles vistas voy!) TURÍN.(Disimula.) LISEO.(Tal estoy, que apenas a hablar acierto.) En fin, señor, ¿Nise es bella y discreta? LEANDRO.Es celebrada por única, y deseada, por las partes que hay en ella, de gente muy principal. LISEO.¿Tan necia es esa Finea? LEANDRO.Mucho sentís que lo sea. LISEO.Contemplo, de sangre igual, dos cosas tan desiguales... Mas ¿cómo en dote lo son? Que, hermanas, fuera razón que los tuvieran iguales. LEANDRO.Oigo decir que un hermano de su padre la dejó esta hacienda, porque vio que sin ella fuera en vano casarla con hombre igual a su noble nacimiento, supliendo el entendimiento con el oro. LISEO.Él hizo mal. LEANDRO.Antes bien, porque con esto tan discreta vendrá a ser como Nise. TURÍN.¿Has de comer? LISEO.Ponme lo que dices, presto; aunque ya puedo escusallo. LEANDRO.¿Mandáis, señor, otra cosa? LISEO.Serviros.(¡Qué linda esposa!) TURÍN.¿Qué haremos? LISEO.Ponte a caballo, que ya no quiero comer. TURÍN.No te aflijas, pues no es hecho.
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La cifra de la dote: treinta o cuarenta mil ducados

La cifra de la dote de Finea oscila en la pieza. Aquí, en boca de Liseo, son cuarenta mil; cuando más adelante Leandro la enuncie (v. 134), el autógrafo conserva treinta mil y las impresas suben a cuarenta mil. La discrepancia tiene origen textual: el autógrafo (O) conserva treinta mil en aquel verso pero el manuscrito Ramírez de Arellano (M) y las impresas (AB) cambian a cuarenta mil para alinearlo con el resto de la obra.

La cifra pesa. Treinta mil ducados era, en 1613, la dote típica de hidalga acomodada de villa media; cuarenta mil ducados ya colocaba a la heredera en el rango de las grandes herederas de la corte. La diferencia entre las dos cifras tiene alcance sociológico, no meramente estilístico. Marc Vitse y Maria Grazia Profeti han discutido si la corrección (probablemente del propio Lope) responde a una decisión consciente de elevar el peso económico del personaje, o si refleja un descuido autorial.3 La cifra final que conserva la tradición —cuarenta mil— es la que Laurencio celebrará en el verso 3173 con la franqueza desconcertante que cierra el tema económico de la pieza.

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La venta como dispositivo dramático: Cervantes y Lope

La dama boba arranca en una venta —espacio típicamente cervantino—, y la elección no es accidente. Don Quijote (primera parte, 1605) había publicado ocho años antes y había popularizado las ventas como dispositivos narrativos para reunir personajes diversos. La fórmula se traslada aquí al teatro: dos viajeros más un informante igualan exposición eficiente del argumento sin necesidad de monólogo introductorio.

La diferencia es de género. En Cervantes, la venta es lugar de digresión y de encuentros casuales; aquí, plataforma de exposición. El público salía de la venta de Illescas con tres datos esenciales: hay un padre con dos hijas, la rica es boba, la pobre es discreta. El resto de la pieza desplegará lo que esta venta ha enunciado.

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La pieza como comedia urbana: el modelo lopesco

La dama boba pertenece a la familia de la comedia urbana, subgénero que Lope desarrolla a partir de los años 1605-1610 y que cristaliza en el período 1610-1616 con piezas como El acero de Madrid (ca. 1608), Las bizarrías de Belisa (1634, póstuma) o La discreta enamorada (1604-1606). La fórmula es estable: acción urbana, casa noble en una ciudad concreta (Madrid, Sevilla, Toledo), enredo matrimonial entre damas y galanes de hidalguía media-alta, espacio doméstico cerrado con pocas salidas al exterior, métrica polimétrica en la que dominan redondillas y romances.

Ignacio Arellano, en su análisis del «modelo temprano» de la comedia urbana lopesca, ha definido el subgénero por contraste con la comedia palatina: la urbana se caracteriza por «la pertenencia social de los personajes a la pequeña nobleza local, las relaciones cotidianas entre los habitantes de la casa y la calle, el predominio del verso doméstico, y la presencia constante del dinero como motor económico de la acción».arel La dama boba cumple las cuatro condiciones con limpieza didáctica: Octavio es hidalgo madrileño, la acción transcurre casi enteramente en su casa de Madrid, los metros dominantes son los del diálogo doméstico, y los cuarenta mil ducados de la dote son el motor reconocido de toda la trama.

El detalle dramatúrgico añadido en esta comedia urbana, y que la diferencia de la comedia palatina, es el espacio externo de tránsito —la venta de Illescas, el prado de los Recoletos— como apertura y cierre del marco doméstico. La venta es vestíbulo del Madrid íntimo. César Oliva ha estudiado este uso del espacio escénico en la comedia urbana lopesca.oliva-esp

Aparato textual (3 variantes)
VersoPROLOPE (O)MarínLópez MartínPatterson
13«las Indias» O M A«los otros» B(sigue O)(sigue O)
80«cuarenta mil ducados» O M AB(igual)(igual)(igual)
134«treinta y mil ducados» O«cuarenta mil» M AB(sigue M)(sigue O)
  1. Fausta Antonucci, «La polimetría en La dama boba: funciones poéticas y dramáticas», en Preludio a «La dama boba» de Lope de Vega (historia y crítica), ed. Javier Espejo Surós y Carlos Mata Induráin, BIADIG 54 (Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2020), 111-129, aquí 113-114.
  2. Sobre la red de ventas en el camino Toledo-Madrid y sus condiciones de habitabilidad, véase Pedro García-Patos, Caminos y posadas en la España del Siglo de Oro (Madrid: CSIC, 1999), 67-72.
  3. Sobre Illescas y los pueblos del camino Toledo-Madrid en el XVII, véase Manuel Muñoz Cosme, Caminos del antiguo reino de Toledo (Toledo: Diputación, 1993), 89-120.
  4. Sobre la economía de las medidas y estampas marianas en la Castilla del XVII, véase William A. Christian, Local Religion in Sixteenth-Century Spain (Princeton: Princeton University Press, 1981), 128-135.
  5. James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255, especialmente 244.
  6. Sobre la cuantía de las dotes en el XVII castellano y su significado social, véase Bartolomé Bennassar, La España del Siglo de Oro (Barcelona: Crítica, 1983), 89-95. Sobre la variante textual, Marco Presotto, «Estudio textual», en Comedias de Lope de Vega. Parte IX, vol. III (Lleida: Editorial Milenio, 2007), 1296-1298.
  7. Ignacio Arellano, «El modelo temprano de la comedia urbana de Lope de Vega», en Lope de Vega: comedia urbana y comedia palatina. Actas de las XVIII Jornadas de teatro clásico (Almagro, 11-13 de julio de 1995), ed. Felipe B. Pedraza Jiménez y Rafael González Cañal (Almagro: Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 1996), 37-60. oliva-esp: César Oliva, «El espacio escénico en la comedia urbana y la comedia palatina de Lope de Vega», en el mismo volumen, 13-36.