Sobre el verso «Cuando quiero» como declaración de soberanía, Juan Mayorga (2002):
«El sexo de la razón: una lectura de La dama boba», en Lope de Vega en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Año. ed. Felipe B. Pedraza Jiménez (Madrid: Compañía Nacional de Teatro Clásico, 2003), 47-59; para una lectura neoplatónica del personaje, James E. Holloway Jr., «Lope's Neoplatonism: La dama boba», Bulletin of Hispanic Studies 49, n.º 3 (1972): 236-255. con que me estás abrasando, [v. 2690] pues, como sirena, fuiste medio pez, medio mujer, pues, de animal, a saber para mi daño veniste, ¿piensas que le has de gozar? [v. 2695] FINEA. ¿Tú me has dado pez a mí, ni sirena, ni yo fui jamás contigo a la mar? ¡Anda Nise, que estás loca! NISE. ¿Qué es esto? CELIA. A tonta se vuelve. [v. 2700] NISE. ¡A una cosa te resuelve! Tanto el furor me provoca, que el alma te he de sacar. FINEA. ¿Tienes cuenta de perdón? NISE. Téngola de tu traición, [v. 2705] pero no de perdonar. ¿El alma piensas quitarme en quien el alma tenía? Dame el alma que solía, traidora hermana, animarme. [v. 2710] Mucho debes de saber, pues del alma me desalmas. FINEA. Todos me piden sus almas; almario debo de ser. Toda soy hurtos y robos; [v. 2715] montes hay donde no hay gente. Yo me iré a meter serpiente; que ya no es tiempo de bobos. NISE. ¡Dame el alma! OTAVIO. ¿Qué es aquesto? FINEA. Almas me piden a mí; [v. 2720] ¿soy yo Purgatorio? NISE. ¡Sí! FINEA. Pues procura salir presto. OTAVIO. ¿No sabremos la ocasión de vuestro enojo? FINEA. Querer Nise, a fuerza de saber, [v. 2725] pedir lo que no es razón. Almas, sirenas y peces dice que me ha dado a mí. OTAVIO. ¿Hase vuelto a boba? NISE. Sí. OTAVIO. Tú pienso que la embobeces. [v. 2730] FINEA. Ella me ha dado ocasión; que me quita lo que es mío. OTAVIO. Se ha vuelto a su desvarío, ¡muerto soy! FENISO. Desdichas son. DUARDO. ¿No decían que ya estaba [v. 2735] con mucho seso? OTAVIO. ¡Ay de mí! NISE. Yo quiero hablar claro. OTAVIO. Di. NISE. Todo tu daño se acaba con mandar resueltamente —pues, como padre, podrás, [v. 2740] y, aunque en todo, en esto más pues tu honor no lo consiente— que Laurencio no entre aquí. OTAVIO. ¿Por qué? NISE. Porque él ha causado que ésta no se haya casado [v. 2745] y que yo te enoje a ti. OTAVIO. ¡Pues eso es muy fácil cosa! NISE. Pues tu casa en paz tendrás. PEDRO. ¡Contento, en efeto, estás! LAURENCIO. ¡Invención maravillosa! [v. 2750] CELIA. Ya Laurencio viene aquí. OTAVIO. Laurencio, cuando labré esta casa, no pensé que academia institüí; ni cuando a Nise crïaba [v. 2755] pensé que para poeta, sino que a mujer perfeta, con las letras la enseñaba. Siempre alabé la opinión de que la mujer prudente, [v. 2760] con saber medianamente, le sobra la discreción. No quiero más poesías; los sonetos se acabaron y las músicas cesaron; [v. 2765] que son ya breves mis días. Por allá los podréis dar, si os faltan telas y rasos; que no hay tales Garcilasos como dinero y callar. [v. 2770] Éste venden por dos reales, y tiene tantos sonetos, elegantes y discretos, que vos no los haréis tales; ya no habéis de entrar aquí [v. 2775] con este achaque. Id con Dios. LAURENCIO. Es muy justo, como vos me deis a mi esposa a mí; que vos hacéis vuestro gusto en vuestra casa, y es bien [v. 2780] que en la mía yo también haga lo que fuere justo. OTAVIO. ¿Qué mujer os tengo yo? LAURENCIO. Finea. OTAVIO. ¿Estáis loco? LAURENCIO. Aquí hay tres testigos del «sí» [v. 2785] que ha más de un mes que me dio. OTAVIO. ¿Quién son? LAURENCIO. Düardo, Feniso y Pedro. OTAVIO. ¿Es esto verdad? FENISO. Ella de su voluntad, Otavio, dársele quiso. [v. 2790] DUARDO. Así es verdad. PEDRO. ¿No bastaba que mi señor lo dijese? OTAVIO. Que, como simple, le diese a un hombre que la engañaba, no ha de valer. Di, Finea: [v. 2795] ¿no eres simple? FINEA. Cuando quiero. OTAVIO. ¿Y cuando no? FINEA. No. OTAVIO. ¿Qué espero? Mas, cuando simple no sea, con Liseo está casada. A la justicia me voy. [v. 2800] NISE. Ven, Celia, tras él; que estoy celosa y desesperada. LAURENCIO. ¡Id, por Dios, tras él los dos! No me suceda un disgusto. FENISO. Por vuestra amistad es justo. [v. 2805] DUARDO. ¡Mal hecho ha sido, por Dios! FENISO. ¿Ya habláis como desposado de Nise? DUARDO. Piénsolo ser. LAURENCIO. Todo se ha echado a perder; Nise mi amor le ha contado. [v. 2810] ¿Qué remedio puede haber si a verte no puedo entrar? FINEA. No salir. LAURENCIO. ¿Dónde he de estar? FINEA. ¿Yo no te sabré esconder? LAURENCIO. ¿Dónde? FINEA. En casa hay un desván [v. 2815] famoso para esconderte. ¡Clara! CLARA. ¿Mi señora? FINEA. Advierte que mis desdichas están en tu mano. Con secreto lleva a Laurencio al desván. [v. 2820] CLARA. ¿Y a Pedro? FINEA. También. CLARA. Galán, camine. LAURENCIO. Yo te prometo que voy temblando. FINEA. ¿De qué? PEDRO. Clara, en llegando la hora de muquir, di a tu señora [v. 2825] que algún sustento nos dé. CLARA. Otro comerá peor que tú. PEDRO. ¿Yo al desván? ¿Soy gato? FINEA. ¿Por qué de imposibles trato este mi público amor? [v. 2830] En llegándose a saber una voluntad, no hay cosa más triste y escandalosa para una honrada mujer. Lo que tiene de secreto, [v. 2835] eso tiene Amor de gusto. OTAVIO. (Harélo, aunque fuera justo poner mi enojo en efeto.) FINEA. ¿Vienes ya desenojado? OTAVIO. Por los que me lo han pedido. [v. 2840] FINEA. Perdón mil veces te pido. OTAVIO. ¿Y Laurencio? FINEA. Aquí ha jurado no entrar en la Corte más. OTAVIO. ¿Adónde se fue? FINEA. A Toledo. OTAVIO. ¡Bien hizo! FINEA. No tengas miedo [v. 2845] que vuelva a Madrid jamás. OTAVIO. Hija, pues simple naciste, y, por milagro de Amor, dejaste el pasado error, ¿cómo el ingenio perdiste? [v. 2850] FINEA. ¿Qué quiere, padre? ¡A la fe! De bobos no hay que fïar. OTAVIO. Yo lo pienso remediar. FINEA. ¿Cómo, si el otro se fue? OTAVIO. Pues te engañan fácilmente [v. 2855] los hombres, en viendo alguno, te has de esconder, que ninguno te ha de ver eternamente. FINEA. ¿Pues dónde? OTAVIO. En parte secreta. FINEA. ¿Será bien en un desván, [v. 2860] donde los gatos están? ¿Quieres tú que allí me meta? OTAVIO. Adonde te diere gusto, como ninguno te vea. FINEA. Pues, ¡alto! En el desván sea; [v. 2865] tú lo mandas, será justo. Y advierte que lo has mandado. OTAVIO. ¡Una y mil veces! LISEO. Si quise con tantas veras a Nise, mal puedo haberla olvidado. [v. 2870]